

El síndrome de Down, conocido comúnmente y mal llamado "mongolismo", se refiere a una alteración genética, debido a la presencia de un cromosoma extra en el seno de cada célula. Es decir, en lugar de tener 46 cromosomas, como es lo normal, se tiene 47, presentándose una trisomía en el par 21, por lo cual se denomina Trisomía 21.
El niño trisómico presenta características físicas típicas, las que sólo son importantes para el médico por motivos de diagnóstico. Sin embargo, hay que subrayar que en estos niños es más lo que les hace parecerse al promedio de niños de su comunidad que lo que les diferencia.
Su déficit intelectual es sólo uno de los parámetros dentro de toda su sintomatología y no es el más importante, por ello no debe entrar en la categoría de "deficientes mentales" propiamente tal.
Sus problemas de salud tienen siempre solución si se atienden adecuada y oportunamente. En caso contrario estos problemas, causados por alteraciones y malformaciones de tipo neurológico y fisiológico, tienden a agravarse, haciendo de estos niños seres muy atrasados y con baja expectativa de vida.
Si las personas con Síndrome de Down son atendidas desde sus primeros días de vida, a través de una intervención temprana que les permita habilitarlo física y mentalmente, desarrollando al máximo todo su potencial, les estaremos brindando las oportunidades y posibilidades de que en su vida futura demuestren de manera concreta que ellos pueden llegar a ser adultos adecuados socialmente, autosuficientes y capaces de ganarse la vida.